Los orígenes estruendosos del periodismo español 

El periodismo, actividad que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico, ha existido desde antiguo bajo diferentes formas, como las relaciones de sucesos.

Según la Biblioteca digital del Siglo de Oro, las relaciones de sucesos son documentos que narran un acontecimiento ocurrido o, en algunas ocasiones, inventado (pero verosímil), con el fin de informar, entretener y conmover al público (bien sea lector u oyente). Tratan de muy diversos temas: acontecimientos histórico-políticos (guerras, autos de fe, etc.), fiestas religiosas o cortesanas, viajes, sucesos extraordinarios como desgracias personales, milagros o catástrofes naturales. Y es justamente el tema que va a interesarnos. 

Un peritexto lleno de informaciones

El peritexto de la relación es tan importante como el cuerpo, nos da muchos detalles sobre el fondo y la forma. Teniendo en cuenta la mala calidad del papel, adivinamos que se trata de un producto de poco coste. Una relación de sucesos respeta dos características fundamentales: se compone generalmente de dos o cuatro hojas y presenta en la primera página presenta el título que suele ser largo y en tipografía de mayor tamaño, donde se ofrece un resumen del texto.

Nuestro ejemplo no se salta las reglas. El primer término que aparece es el de “relación”, término importante ya que permite definir el texto y sobre todo clasificarlo. Pero el adjetivo que sigue es el que sobresale. En efecto, la palabra “verdadera” insiste en el carácter verosímil del suceso como si hubiera que precisarlo. Además, esta parte se cierra con el nombre del que la compuso (Juan Abad), su estatus (“natural de la propria Villa”), el lugar de la imprenta (“en Barcelona”), el nombre del impresor (Sebastián Matevad), su calificación (“con licencia”) así como la fecha (1621). Todas estas informaciones autorizan la verosimilitud de los hechos.

La narración hiperbólica de la catástrofe natural 

Desde el inicio, encontramos el tema principal de esta relación: el terremoto que golpeó la ciudad de Alcoy en el reino de Valencia el 2 de diciembre de 1620. A diferencia de hoy, en aquella época, los relatos de las catástrofes naturales eran muy largos, muy evocadores. Tenemos la noticia pero de manera más poética (por cierto, es importante subrayar que esta relación está en verso), con muchos procedimientos retóricos. La primera sección (que goza de una mayúscula más grande) se inicia con una comparación metafórica que exalta fama de la ciudad. Se ensalzan luego varios aspectos, como la gente ilustre y la naturaleza abundante. Tenemos la impresión de estar en un lugar tranquilo y apacible como lo vemos con “bellos jardines” o “muchas flores”. Encontramos muchas veces expresiones meliorativas como “el reino de los reinos”. 

Justo después, el anuncio del terremoto aparece como un verdadero trueno, no lo esperamos en absoluto, es muy repentino. Como sigue las descripciones paradisíacas de la ciudad, la catástrofe parece más fuerte de que lo es en realidad. Muchos superlativos e hipérboles apoyan esta idea, como “un terremoto estupendo, el mayor que ha visto el mundo”. Corresponde a los inicios del periodismo sensacionalista. Tenemos una visión apocalíptica de Alcoy: “las casas más suntuosas y los más fuertes conventos quedaron desechos todos, derribados por el suelo”, “de las casas los tejados todos se vieron abiertos, las paredes y las torres en un instante cayeron”. Un episodio aterrorizador que afecta a toda la población: hombres, mujeres, viejos y niños. 

El terremoto impacta a todos y lleva al caos. Toda la gente tiene miedo y se agita, de ahí la acumulación “apresurados, suspensos, turbados, embelesados, confusos y macilentos” que crea cierta tensión dramática para que el que lee se imagine las escenas y se ponga en su lugar. La anáfora de “quien” insiste en el desorden (“quien se desmaya en la calle”, “quien por correr se maltrata”) y en los riesgos físicos del terremoto que pueden conducir a la muerte (“porque si la muerte viene mate a dos de un golpe fiero”). “Un retablo de duelos”, “una terrible noche” en la que más de 33 terremotos se hicieron: la exageración está en su clímax. Según esta relación, esta catástrofe marca un giro en la vida social y económica de la población, que prefiere dejar todo entre las manos de Dios. 

El carácter religioso de la relación 

Una diferencia fundamental entre la prensa actual y las relaciones de sucesos es la presencia constante en estas de la religión. Notamos una larga descripción precisa de la iglesia, muy impactada por el terremoto. El redactor dedica más tiempo al relato de este edificio que a los otros porque la iglesia es una institución que reúne a la gente y que desempeña un papel preponderante en la vida social de aquella época, época en la que la religión tenía más peso. Cada acontecimiento, ya fuera bueno o malo, estaba vinculado a la voluntad divina. 

Como en cada relación, encontramos un aspecto místico. “Y fue solemne milagro” no remite a un hecho explicable por las leyes naturales sino a un hecho sobrenatural de origen divino. Dios los salvó dejando une puerta abierta que los condujo a un espacio protegido. La larga enumeración de nombres de numerosos religiosos refuerza esta idea y los pone de realce afirmando que son los únicos salvadores de esta catástrofe natural. Cansados, asustados, tristes, todos cuentan con el clero. Incluso hacen una procesión, gritan misericordia: es su última esperanza. Pero, esto no evitó que se produjeran daños: muchos fallecidos en todas partes, la ciudad destruida, animales muertos, Alcoy nunca volverá a ser la misma. A pesar de todo, Dios está y permanecerá en sus corazones (“Dios nos tenga de su mano, porque con veras le amemos”). Un refugio necesario para la gente de aquella época. 

Maxime OUNADJELA

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