La tormenta

Son las 3 de la mañana y las chicas están durmiendo a mi lado en los sofás. No quisieron dejarme sola, incluso por la noche. Creo que no podría soñar con mejores amigas. Cada una me dió su opinión pero todas acabaron de acuerdo con que me toca a mí tomar una decisión. 

Yo no puedo dormir. No dejo de pensar en todo lo que me dijeron. Creo que son cosas que ya sabía, que ya sentía, pero que me costaba concientizar. 

Acabo de recibir un mensaje suyo. Ver su nombre aparecer en la pantalla del móvil me petrifica. Mi pecho se aprieta y me duele violentamente la tripa. 

Sabes que no soy así…” 

La ira sube y las lágrimas corren sobre mis mejillas con un flujo continuo. No me imagino vivir sin él. Es el pilar central de mi vida. Sin embargo, no sé si algún día podré olvidar lo que ocurrió. ¿Cómo es posible sentir tantas emociones divergentes a la vez? 

El calor estival me ahoga y me corta la respiración. Voy a salir al jardín, a ver si el aire exterior es más fresco. 

Sentada en una silla, intento concentrarme en las estridulaciones de los grillos y vaciar mis pensamientos. La oscuridad en la que el campo está hundido me hace sentir muy pequeña. “Pequeñita”… Así me llamaba. ¿Cómo voy a poder olvidarlo si todo me hace pensar en él?

Otro mensaje. “Nunca te haría daño intencionalmente.

Corto las notificaciones. No puedo más con sus mensajes. Me gustaría creerlo y borrar todo lo que pasó pero cuando cierro los párpados sigo sintiendo su mano agarrando mi garganta. Me veo, la espalda contra la pared, helada por el miedo que me atraviesa el cuerpo entero. Veo sus ojos llenos de rabia y su voz sigue resonando : “Eres mia”.

Vuelvo a vivir la escena en continuo. Me deshago de su control una primera vez. Me vuelve a coger por el cuello. Me libero una segunda vez. Corro hasta el baño para refugiarme y llorar a llantos. 

Esta noche se mantiene bloqueada en mi garganta y no consigo tragarla.

Bueno, al final estar fuera no cambia nada. Parece que hoy, el calor manchego está severo. No me deja respirar. Incluso la naturaleza ha decidido hacerme daño. 

No sé qué pensar de la situación. No sé si el alcohol es una excusa válida para justificar su acto imperdonable. Lo que sí sé, es que no me haría daño siendo sobrio. No es así. Me ama y me cuida.

“¿No me habías dicho que te hacia sentir culpable para obtener relaciones sexuales?” 

La frase de Ana no me deja en paz. Los recuerdos fluyen.Todo lo que acepté en silencio para no perderlo me está aplastando.

¿Como es posible reinvidicarse feminista y ser víctima de violencia de género sin nisiquiera darse cuenta? 

Necesito aullar para sacar todo lo que he sufrido pasivamente pero no puedo. No tengo aliento. Mi garganta está seca y mis fuerzas están agotadas. 

Acabo de volver dentro de casa. El aire cargado de tensión acaba de explotar y el cielo se pone a llorar. Las gotas caen cada vez más fuerte y el trueno se hace escuchar. Por fin aire. 

“Tienes que exteriorizar porque si no, vas a estallar”

Creo que Johanna tiene razón. Necesito sacar todo lo que tengo dentro para poder por fin respirar.

¿Y si vuelvo al jardín para hacerlo apoyándome en la fuerza de la tormenta? Necesito gritar. 

¿Salgo?

Salgo. 

Neïla Hakmi

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