El fuego mortal de la villa San Sebastián de Vircaya

La Villa de San Sebastián de Vizcaya, Puerto de Mar, sufrió un terrible incendio el miércoles 6 de febrero de 1630. El texto que evocamos ilustra cómo se transmitía la información en las relaciones de sucesos de la época, antecedente de la prensa escrita.

Podemos observar algunas de las características intrínsecas de las relaciones de sucesos en este ejemplo. En primer lugar, esta relación de sucesos data de 1630 y relata con detalle un único hecho real: el del terrible incendio que afectó a la localidad de San Sebastián de Vizcaya en el norte de España (País Vasco español). En esta relación de sucesos, se insiste en la veracidad de los hechos con la expresión usada en la primera hoja del artículo: “Relación verdadera”. Al final del documento, podemos leer: “Con licencia. Impreffo en Burgos en casa de Pedro de Udobre”. Esta mención se explica porque desde 1502, la Corona española impuso una licencia de imprenta para todos los textos publicados, lo que supuso una limitación a la libertad con que habían trabajado los impresores hasta ese momento. Asimismo, se introdujo una censura previa por parte de las autoridades eclesiásticas.

Este informe de sucesos enumera los hechos del día en que se produjo este incendio, miércoles 6 de febrero de 1630. Como en la prensa actual, descubrimos en las primeras líneas el día y la fecha de este evento. Descubrimos toda la secuencia de eventos del día en que se desató el fuego. Por ejemplo, sabemos que fue una criada de la casa quien causó el primer foco del incendio: “miércoles a seys de febrero, en la villa referida, en casa de Martin de Cheuelez fue donde se prendió el fuego, por descuydo por una criada”. También nos enteramos de que hay muchos muertos, incluidos niños, pero algunas personas pudieron escapar del fuego y el humo tóxico: “quemaron en la dicha casa cuatro niños varones, que el mayor de ellos sería de hasta doce años …”. Esta relación de sucesos relata el incendio y sus desastrosas consecuencias con la cantidad de casas quemadas y la cantidad de muertos: es uno de los eventos más mortíferos de la época. En la página 3 de este documento, se puede leer uno de los resultados de este terrible incendio que afectó a la localidad de San Sebastián de Vizcaya: “Es el daño tan grande que se dí que passa de ochozientos mil ducados”. Asimismo, el autor de esta relación de sucesos utiliza un fuerte campo léxico para mostrar la gravedad de este incendio: utiliza términos como « furor de fuego ». También subraya la capacidad de respuesta de las autoridades para tratar de controlar y extinguir este incendio. Destaca especialmente la capacidad de respuesta del alcalde de la ciudad: “El Corregidor Don Enrique de Salinas”. El autor destaca en varias ocasiones la buena gestión de este incendio por parte del alcalde con expresiones como “por la buena orden que dio el Corregidor” (página 2).

Por otra parte, este documento tiene muchas referencias a la religión y a Dios. Por ejemplo, podemos leer que muchas personas oraron en las parroquias con los sacerdotes para que Dios los ayudara a apagar este incendio, especialmente en la página 3: “muchos sacerdotes, en parroquias y combentos se defcubrió el Santiano Sacramento, con muchas plegarias …”. Se enumeran hechos reales, como hoy, pero sin una dimensión divina, mezclados con hechos considerados sobrenaturales que en su momento fueron considerados como signos divinos y que hoy podrían explicarse de manera más racional. El autor compara este fuego con una gran hoguera a la que atribuye trágicas consecuencias. Se relaciona con la furia divina que cae sobre los habitantes de esta ciudad y sus alrededores. El autor del texto da una interpretación religiosa del acontecimiento, en la medida en que España estaba en esta época bajo una fuerte influencia de la religión católica. Esto se ve con fuerza al final del artículo donde el autor concluye con una alusión a Dios: “Dios nos libre de semejante tragedia, de todo como puede”. Asimismo, insiste en la magnitud de los daños causados por este incendio, afirmando que los habitantes nunca olvidarán esta fecha y que cada año se reunirán para no olvidar este trágico suceso: “y prometió la villa guardar la fecha del día del fuego cada año”.

Así, la publicación de este evento ofrece una cierta forma de interpretación religiosa donde los habitantes de esta ciudad lograron controlar y extinguir este inmenso incendio gracias a la ayuda de Dios como lo señala la última página de este artículo. El relato del acontecimiento se pone al servicio del fortalecimiento de la fe cristiana, en que se funda la institución monárquica de la época.

Nora ESSALHI

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