La familia que superó la ficción

Es la hora de la cena. La hija menor termina la tarea en su cuarto y la otra hija se alista para su trabajo, mientras uno de los hermanos ve la televisión y el otro se queja de comer siempre lo mismo. La madre termina de preparar el pollo al horno para servirlo en la mesa. De fondo, se escuchan los pasos del padre que se dirige con un plato hacia una habitación trasera. Allí, una persona encadenada y secuestrada será el primero en ser servido. Esto ocurría en la casa de los Puccio, cuyo caso policial sirvió de inspiración al guionista y director argentino Pablo Trapero en su producción argentina-española El Clan (2015). 

Mejor película extranjera en los premios Goya 2016 y con varias nominaciones en festivales internacionales, incluyendo mejor director, este thriller relata la historia de una familia argentina de clase media-alta en los años ’80. El padre y aparente vecino común y corriente, Arquímedes Puccio (Guillermo Francella), es en realidad líder de una banda de secuestradores dedicada al rapto y al asesinato de importantes empresarios. Casi todo el resto de la familia está implicado de una manera u otra, siendo sus hijos Alejandro (Peter Lanzani) y Daniel “Maguila” (Gastón Cocchiarale) los más involucrados al “negocio familiar”.

(…) Trapero nos sitúa en una Argentina en plena etapa de reconstrucción, luego de una larga dictadura, llena de violencia y maltratos.

Los 80 desde principio a fin

Desde el comienzo y a través del uso de un video real de la época, Trapero nos sitúa en una Argentina en plena etapa de reconstrucción, luego de una larga dictadura, llena de violencia y maltratos. Al mismo tiempo, lo contrasta con la historia oculta de delitos humanos que está a punto de narrar, haciendo alusión, a su vez, al proceso lento de la vuelta a un país sin represalias. En el transcurso de la historia, vemos el uso de otros detalles que nos sitúan aún más en esta época: desde la vestimenta con estilo ochentero, los escenarios reales casi en su totalidad, hasta el diploma al lado de la foto de J.D. Perón, o el falcón gris, indudable testigo de los crímenes llevados a cabo por Puccio y su gente. Toda esta escenografía hace que el espectador se adentre a las dos caras de la vida de esta familia

La familia Puccio, posando como una familia normal. © 2015 PROKINO Filmverleih GmbH

La familia Puccio, posando como una familia normal. © 2015 PROKINO Filmverleih GmbH

Menos técnica, más actuaciones: lo destacado

Uno de los puntos más débiles es el desacertado uso de prolepsis, cuando imágenes del presente se intercalan con uno de los momentos claves: la detención de la familia durante el cuarto y último secuestro. Esto puede llegar a crear un efecto de confusión, más que de intriga, en el hilo de la trama. Por otro lado, sobresale sin dudas la buena actuación del elenco, especialmente la de los protagonistas. G. Francella (El secreto de sus Ojos), conocido mayormente por sus papeles en comedia, muestra a un Arquímedes en todas sus facetas: humilde, comprometido con su familia, pero más con su deber a sus “jefes”, sin dejar de lado su carácter controlador y perverso. El joven P. Lanzani (Argentina, 1985), lejos de su trabajo en telenovela juvenil, se destaca en este primer trabajo en largometraje, al dejarnos ver a un hijo víctima – o no- entre la espada y la pared. Es decir, buscando su independencia, pero con temor a las consecuencias que eso implica.

Y lo mejor, para el final

Luego de ver los crímenes y volviendo al relato cronológico, uno se imagina el final, por conocer la historia anteriormente o simplemente por intuición. Pero Trapero va más allá, sorprendiéndonos con una última escena que ilustra el comienzo del martirio que sufrirán los Puccio por el resto de sus vidas, de una manera cruda y directa como solo este director es capaz. El Clan es un distinguido retrato de esta familia, que ha generado más repercusión en la sociedad argentina en los últimos tiempos. Sin duda, es un filme para incluir en la lista de elegidas para un sábado de cine. No solo por tratarse de un increíble caso verídico, sino también por mostrar la compleja transición político-social en un país post-dictadura y sus secuelas, todavía visibles hoy en día.

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