Madres Paralelas, o la herida íntima e histórica

Un año después de Dolor y Gloria, Pedro Almodóvar vuelve a las pantallas con una película ambiciosa e insólita.

¿Cómo realizar una película comprometida emocionalmente e históricamente en un tiempo de recuperación de la memoria en España?  Pedro Almodóvar se enfrenta a esta pregunta en su nueva película Madres Paralelas, una mezcla de amor, maternidad, sororidad, filiación, un pasado todavía presente…

Las mujeres y la maternidad

Los primeros minutos de la película nos acercan a los personajes de Penélope Cruz (Janis) y de Milena Smith (Ana), cada una embarazada. Janis está en su cuarentena, agradecida de la llegada de su bebé, Ana es una joven de diecisiete años, llorando por este inesperado embarazo que ella no quiso. Las dos están en la misma habitación antes del parto y dan luz al mismo momento. Vuelven a encontrarse unos meses después y las vidas de las mujeres se entrecruzan a través de diversas situaciones.

Ana y Janis en el hospital antes del parto  ©Irene Crespo

La maternidad es el eje de esta historia, como lo son sus personajes femeninos de forma más general: unas mujeres complejas, solteras, ambiciosas y llenas de sentimientos. A esta sensibilidad narrativa se yuxtapone el peso de la historia con la exploración del pasado español y del secreto que tortura al personaje de Janis, un secreto que esta simbólicamente relacionado con la ocultación de la guerra civil y de la dictadura franquista.

La búsqueda de identidad como vuelta al pasado

La búsqueda de identidad une las dos tramas narrativas. El personaje de Janis busca como abrir la fosa común donde supuestamente se encuentra el cuerpo de su bisabuelo asesinado durante la guerra civil cuando el personaje de Ana, que sale de la adolescencia, se busca como persona. Los sentimientos representan el hilo de la narración, donde entre Janis y Ana nacerá una relación fuerte e intensa que evolucionará a lo largo de la película.

Para aquellos fanáticos del cine del manchego, se aprecian las novedades temáticas y estéticas en su película. Se siguen encontrando rituales tradicionales propios de Almodóvar, como las escenas en la cocina, el viaje al pueblo como viaje hacia la identidad o los colores (el rojo y el verde). Aparecen también unas novedades que no se habían visto hasta entonces, donde el realizador ofrece de manera directa una reflexión sobre como nos afecta el pasado colectivo en nuestras intimidades. Esta explicitación tan clara puede decepcionar. Estábamos acostumbrados en sus antiguos filmes a una denunciación mas implícita. Sin embargo, con este método Almodóvar da voz a todas las personas desaparecidas durante la guerra civil y nos vuelve así a una realidad concreta donde el pasado todavía “no pasa”.

Pedro Almodóvar expone otra vez su fascinación por la maternidad, pero también una mirada hacia un pasado que no hay que temer.

La mezcla de lo intimo con el pasado histórico español ofrece un verdadero camino hacia el descubrimiento y hacia la identidad. Pedro Almodóvar expone otra vez su fascinación por la maternidad, pero también una mirada hacia un pasado que no hay que temer y que hay que enfrentar, como lo manifiesta la cita del escritor Eduardo Galeano que encabeza su película: “No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca”.

Los personajes asomándose a una fosa común al final de la película ©Irene Crespo

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