Un verano inolvidable

Agosto de 2001, tenía siete años. En aquella época, no lo sabía todavía pero iba a vivir algo excepcional pero traumatizante. Mi padre era albañil y mi madre enfermera así que no podíamos ir de vacaciones durante el verano. Por eso, decidieron enviarme un mes entero a casa de mi abuela, en pleno campo. Al principio, era increíble, era como un gran patio de recreo.

Recogía las fresas, las moras y las peras. Regaba los junquillos y las rosas. Pero lo que más me gustaba era ir al fondo del jardín y entrar en el campo, espacio en el que había un montón de animales. Las vacas, los caballos, los patos, las ocas y las ovejas no tenían ningún secreto para mí. Los acariciaba, jugaba con ellos, me divertía imitándolos, gritaba como un loco. Le tomé afecto a Margarita, una pequeña vaca que estaba a menudo sola. No quería estar con los demás, tenía mucho miedo así que había que tranquilizarla todo el tiempo. Aislada e inmóvil, tenía la mirada vacía y perdía el apetito: me preocupaba mucho por aquella criatura que se había convertido en una verdadera amiga.

Pero, de golpe, mi abuelita me prohibió juguetear en aquella parte del campo, entre los vergeles y el lago ya que se ubicaba demasiado cerca de la granja. No llegaba a entender la razón, pero su decisión era categórica y firme. Cuando evocaba aquel lugar, se enojaba, fruncía el ceño y se ponía a gritar. Yo tenía que vivir encerrado, ya no podía salir. Por eso, me di cuenta del espacio que me rodeaba, espacio al cual no prestaba atención antes. Vivía entre la cocina, el salón y la habitación miserable y sucia. Aquella habitación que preferiría haber olvidado. Una cama sin colchón, una ventana que no se podía abrir, falta de luz, una cómoda llena de polvo, vigas en las que se entremezclaban telarañas. Pero, ¿por qué estaba encerrado? Me interrogaba mucho, centenas de preguntas se me ocurrían. Para “protegerme” dijo mi abuela. No la creí. 

Quería saber, quería descubrir aquel “misterio”, quería desobedecer. Por eso, durante la noche del 14 de agosto de 2001, salí. Vestía solo un pantalón agujereado y una camiseta blanca. Hacía buen tiempo pero soplaba la brisa nocturna. Estaba determinado. Corrí mirando por todas partes (no quería que la arpía me sorprendiera). Trepé la barrera y me di de bruces con los animales. Caminé hasta llegar a la granja que estaba sorprendentemente abierta. Y a partir de aquel momento, entendí, lo entendí todo. Entendí el comportamiento de Margarita, las puertas cerradas con doble vuelta, la ausencia de luz en algunas partes de la granja. Acababa de descubrir que mi abuela criaba animales para enviarlos después al matadero. 

¡Me quedé pasmado! Había hallado una habitación en la que los animales estaban hacinados, no tenían espacio para moverse. No quería que Margarita sufriera la misma suerte que sus compinches, quería salvarla. Dejé intencionalmente la valla abierta para que pudiera escapar. Estaba muy triste de perderla pero estaba convencido que su vida iba a ser mejor. Al día siguiente, mi abuela estaba loca de rabia porque iba a perder mucho dinero y, sobre todo, porque acababa de enterarse de que yo lo había comprendido todo. A partir de aquel momento, me volví vegetariano. Me prometí que nunca volvería a tocar un trozo de carne.


Agosto de 2001, tenía setenta años. Vivía sola y tranquila en mi finca, muy lejos de mi familia y de los problemas que podían engendrar. Solo cuidaba de los animales que brincaban en el jardín grande. Debo confesar que tengo también otra actividad para redondear el mes aunque me faltan ciertas autorizaciones. Por eso nadie lo sabe. Estaba tranquila hasta que me llegara un regalo envenenado: Paco, mi nieto. Como sus padres no dejaban de trabajar (mi yerno era albañil y mi hija enfermera), no tuve otra opción que acogerle en mi casa. 

Tenía siete años en aquella época y yo tenía que buscar constantemente actividades para mantenerlo ocupado. Quería que él descubriera el mundo rural porque solo conocía su entorno, es decir la ciudad con sus miles de coches y su contaminación. Regábamos las flores, recogíamos las frutas como las peras (mi fruta preferida), cortábamos el césped, pelábamos las patatas. A él le encantaban aquellos momentos, no dejaba de andar pegado a mí y exigía cada vez más. Yo empezaba a estar harta: dos semanas sí, pero un mes entero es demasiado. 

Él llevaba días riendo y brincando en el prado con una vaca como si fuera su amiga. Pero, estamos hablando de Margarita, una vaca cualquiera en mi criterio que me daba leche. Sin embargo, era extraña: siempre sola, aislada, apenas comía. Algún día, noté que Paco se acercaba demasiado a la granja mientras que se lo había prohibido. No quería que descubriera mi pequeño negocio secreto.  Para que no se escapara, lo castigué, lo encerré en su habitación. Hoy en día, no me arrepiento de aquella decisión. Lo hice para protegerlo, para que no estuviera aterrorizado. Pensé solo en su bienestar (y en mi pequeño comercio quizás). Pero, lo que tenía que ocurrir, ocurrió: me desobedeció. Durante la noche del 14 de agosto de 2001, aquel diablillo, demasiado curioso, salió. Trepó la barrera y abrió la gran puerta de la granja porque yo había olvidado cerrarla (¡qué tonta!). El alboroto de los animales me despertó así que lo vi todo a través de la ventana. Él acababa de desentrañar el misterio: yo criaba animales para enviarlos después al matadero y cobrar dinero. Tenía que ganarme la vida, no tenía otra opción. A partir de aquel momento, sabía que él iba a contárselo todo a sus padres y que mi negocio iba a desplomarse. Estaba loca de rabia. Hubo un antes y un después del verano de 2001, un verano inolvidable.

Maxime OUNADJELA

Votre commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l’aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion /  Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l’aide de votre compte Twitter. Déconnexion /  Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l’aide de votre compte Facebook. Déconnexion /  Changer )

Connexion à %s

Ce site utilise Akismet pour réduire les indésirables. En savoir plus sur la façon dont les données de vos commentaires sont traitées.

%d blogueurs aiment cette page :