Una amistad tumultuosa

Todo el mundo conocía la casa bajo el nombre del criadero de burros. Me gusta imaginarme un hombre pequeño con un sombrero ocupándose de sus animales, pero solo lo puedo inventar, puesto que nunca pude conocer a los dueños anteriores. Fueron mis abuelxs quienes decidieron comprarla, para tener un lugar aislado en el que pudiesen acabar tranquilamente su vida. Sin embargo, unos años después de renovar el criadero, mi abuelo falleció dejando a mi abuela sola. Por lo tanto íbamos a visitarla a menudo con mi padre, mi tía y mi primo para que no se aburriera demasiado. Me encantaba pasar las vacaciones allí. El jardín inmenso que rodeaba el criadero me abría un mundo lleno de historias en las que desempeñaba el papel principal. Me convertía en Neïla la aventurera. 
El verano de mis 13 años, invité a mi mejor amiga, Lucie, a pasar la semana conmigo en esta maravillosa casa llena de recuerdos y arañas. Tras unos días disfrutando el amplio terreno de mi abuela, decidimos salir a explorar el bosque de al lado. Nos contábamos nuestras vidas, riéndonos muy fuerte y gritando como locas. Unos quince minutos después, nos encontramos con un río muy bonito, rodeado por vegetación. Para dos chicas de la ciudad, nos pareció increíble ver el agua fluir así entre los árboles. De repente, se puso a saltar una rana pequeña en las rocas de la orilla. Abrimos grandes los ojos, nos miramos y nos pusimos muy contentas. Era el primer momento de silencio que dejábamos entrar en nuestras conversaciones. Nos pusimos de acuerdo con la mirada : la íbamos a adoptar como mascota. 
Mientras Lucie se quedaba con nuestra nueva amiga, me fui corriendo a toda velocidad hasta el criadero para traer conmigo un tupper con agujeros hechos a mano. Cuando volví, Lucie estaba sentada en el suelo, charlando con la rana que parecía cómoda. Una vez capturada, nos dimos cuenta de que no sabíamos lo que comía una rana. Entonces al llegar a casa, buscamos por internet, con la poca conexión de la que disponíamos, informaciones sobre este ser vivo que acabábamos de robarle a la naturaleza. Leímos en una página web que las ranas se alimentan de pequeños insectos como los grillos. ¡Qué suerte! El jardín de mi abuela estaba lleno de estos bichos. Nos fuimos directamente a cazar, en el césped, comida para nuestra invitada, que no tardamos en encontrar. Sin embargo, se planteó la cuestión de cómo le íbamos a dar de comer. Al escribir estas palabras, no recuerdo muy bien por qué, pero estábamos seguras de que le teníamos que quitar la vida para dárselo inerte y permitir una mejor ingestión. Una excelente idea nos vino a la mente : poner el grillo en otro tupper, y jugar al fútbol con este pobre ser, para matarlo sin utilizar nuestras manos. Por mala suerte, era bastante tenaz y esta masacre duró algo como 15 minutos. Una vez muerto, se lo llevamos muy contentas a nuestra amiga la rana que nos esperaba, encerrada en su cajita. Al día siguiente, al despertar, nos apuramos para ver cómo había pasado la noche. Lo que descubrimos nos heló la sangre : la encontramos muerta, seca y deshidratada al lado del grillo asesinado. Se nos había olvidado ponerle agua…

Siempre me interesé en los humanos, estos seres enormes con dos patas en el suelo. Me encantaba ir a observar los que vivían en el Criadero de Burros del otro lado del río. Vivía allí una vieja humana que a veces acogía a otros más jóvenes. A mi abuela, nunca le gustó que fuese a acercarme a ellos. Solía repetir que eran unos animales muy peligrosos de los que tenía que quedarme alejada. 
Aquel día, estaba en la orilla dándome un baño cuando escuché unos cantos humanos. Después de unos minutos, aparecieron dos especímenes de género femenino. Se callaron repentinamente al verme, y, sin una palabra, una se fue corriendo, probablemente por miedo. Sin embargo, la otra se quedó mirándome fijamente. Unos minutos pasaron sin que ninguna de nosotras dos nos moviéramos. Yo no sabía si escuchar la voz de mi abuela que me decía “iHuye hija! iHuye!” o si escucharme a mí y quedarme con esta humana. Ella fue la que se adelantó primero. Con mucha tranquilidad, se sentó a mi lado y se puso a observarme en silencio. Pensé que tal vez me había hecho una amiga humana, como en mis sueños de niña. Por mala suerte, el segundo animal volvió corriendo hacia nosotras con una caja en las manos. Sin tener tiempo para entender lo que estaba pasando, me encontré encerrada con sólo unos agujeritos para respirar. Con el susto y el poco oxígeno, me desmayé pensando en mi abuela.
  Cuando abrí de nuevo los ojos, seguía en esta jaula de plástico. No había ni agua, ni comida .Solo unas briznas de hierba y unas hojas de árboles. Mi sangre se heló aún más al escuchar las voces de las dos humanas que me capturaron. Estaban volviendo. Intenté esconderme debajo de una hoja y cerré los ojos intensamente. Cuando los volví a abrir, me encontré con una visión terrorífica : mi amigo Marcos, el grillo, totalmente desmembrado. Después de llorar todas las lágrimas de mi cuerpo, me tumbé a su lado y me volví a dormir… Nunca más abrí los párpados.

Neïla Hakmi

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