Italia: Cuando el fascismo gana…

El 25 de septiembre, Italia fue testigo de un cambio completo de partido. Los resultados de las elecciones legislativas mostraron que la coalición de extrema derecha ganó por un amplio margen, con más del 44% de los votos. A su cabeza está una mujer, Giorgia Meloni. Con nada menos que 45 años, la líder del partido ultraconservador Fratelli d’Italia pretende hacer popular a su partido. Es la primera vez que un partido de extrema derecha obtiene el mayor número de votos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Como admiradora de Mussolini, fundador del fascismo (doctrina o sistema político que tiende a establecer un régimen totalitario del mismo tipo en un Estado), intentó en varias ocasiones defender las palabras del dictador y mostrar a los italianos su pensamiento desde otro ángulo. 

También apoyará la tesis del natalismo: una medida tomada por el Estado para fomentar el crecimiento de la población para estimular la natalidad. Y así introducir un cociente familiar para reducir los impuestos por cada nuevo hijo o aumentar las ayudas familiares. Por otro lado, no cabe duda de que quiere frenar el flujo de inmigración irregular, bloqueando las embarcaciones de migrantes procedentes del mar Mediterráneo. Y por último, y este es uno de sus mayores proyectos, que va de la mano con su deseo de crear una familia « real »: la oposición al matrimonio homosexual. Y a la adopción para estas parejas. Incluso lo gritó durante un mitin en España: « ¡Sí a la familia natural, no al lobby LGBT! Sí a la identidad sexual, no a la ideología de género. 

Pero entonces, ¿por qué y cómo, a la vista de lo que dijo, Giorgia Meloni fue elegida para al poder? 

En primer lugar, porque los italianos ya no saben cómo aumentar su poder adquisitivo. La crisis financiera y económica que ha tenido lugar desde el inicio de la covid ha provocado un aumento de la precariedad entre los italianos. Meloni promete un plan de recuperación económica para remediarlo. 

En segundo lugar, los partidos de centro-izquierda están más que fragmentados, sin un programa que esté firmemente anclado en la mente de los italianos. Pues recordemos que el centro-izquierda se presentó dividido en tres durante las últimas elecciones. (Este fenómeno también se observa en Francia). En contraste con la coalición de Meloni, que se presentó de forma unida. 

La desconfianza de los italianos proviene de esta crisis económica, que nadie, por así decirlo, es capaz de calmar. Las generaciones anteriores en Italia pudieron terminar sus estudios y encontrar un trabajo, formar una familia y tener una casa. Pero hoy en día, nadie sale de la universidad con un trabajo, y menos aún con la intención de formar una familia, dado el fuerte impacto de la crisis en la vida cotidiana. Por ello, los italianos han decidido recurrir al partido de Meloni, que, según su programa, tiende a una reestructuración de la economía. 

Salomé Busson

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