¡El diálogo de sordos entre el gobierno chileno y los mapuches ha durado demasiado tiempo!

Según la nueva constitución que se está redactando, Chile sería: « un estado regional, plurinacional e intercultural compuesto por entidades territoriales autónomas, en un marco de equidad y solidaridad entre ellas, preservando así la unidad e integridad del Estado ». Por desgracia en realidad, la situación es totalmente diferente.

El país sigue sufriendo los daños colaterales de la dictadura de Pinochet, en particular las aberraciones de su constitución, que define al país como « unitario« , no reconociendo así ningún derecho a los pueblos originarios. Desde hace varios años, las fuerzas radicales mapuches no han tenido más remedio que causar estragos en las regiones del sur con repetidos sabotajes aislados para apoyar sus reivindicaciones. Los gobiernos pensaron que el problema era menor y que remitiría con el tiempo, ¡pero no! Sebastián Piñera, el anterior presidente, fue el blanco de fuertes críticas por su falta de voluntad para resolver el conflicto, ¡y con razón! La militarización de la región y los constantes controles de las fuerzas armadas no han hecho más que provocar una escalada de violencia cada vez más aterradora. ¿Podrían los mapuches haber hecho algo más para que los políticos tuvieran en cuenta sus demandas? ¿No ha hecho el Estado oídos sordos durante demasiado tiempo? Durante años, los mapuches han sido víctimas de un racismo sistémico y del acaparamiento de sus tierras. Viven en una pobreza normalizada y dependen del poder de las grandes empresas. La revolución tiene un precio: se han perdido miles de vidas humanas.


© Foto de Indymedia Chile del Centro de medios independientes  

Durante los cuatro años de gobierno de Piñera, el Estado adoptó una política populista a favor de los grandes terratenientes, que no hizo más que aumentar las tensiones. Las empresas nacionales, bajo la ira de la oposición mapuche, han vendido poco a poco las tierras a organismos internacionales, permitiendo que los fondos de inversión extranjeros queden exentos de impuestos gracias a la ley hipócrita de « créditos de carbono » y al ejercicio de un lavado verde (« greenwashing ») absolutamente detestable amparado en las leyes medioambientales. Chile se ve cada vez más despojado de toda la riqueza de su suelo como consecuencia de las políticas neoliberales a costa de la población local. Aunque los lideres mapuche han ganado recientemente 17 escaños en la asamblea y la nueva constitución promete encontrar un acuerdo de paz, ¡todavía sigue existiendo un diálogo desesperado de sordos! El nuevo gobierno de Boric no parece evaluar la gravedad de la situación: la nueva ministra del Interior, Izkia Siches, se desplazó a la región de Temucuicui el 15 de marzo pasado sin informar a las autoridades locales. Fue recibida con disparos y se vio obligada a continuar sus conversaciones en un refugio remoto. Entonces, ¿de quién es la culpa? Los miembros de la comunidad mapuche deploraron una « visita improvisada » y lo entendemos perfectamente, ya que la actitud de la ministra fue totalmente sinónimo de amateurismo. No respetó las claras demandas de los líderes mapuches y no parece tomar en serio lo que piden. Hay que tratar el problema desde la raíz: escuchar, comprender para poder actuar. El hecho de que el poder y la toma de decisiones estén centralizados en Santiago de Chile, en el Palacio de la Moneda, crea una profunda brecha entre el Estado y las autoridades locales. ¿No es hora de restablecer un diálogo mucho más horizontal creando instituciones diplomáticas que permitan una mediación? El ensayista Pedro Cayuqueo recuerda que la última relación directa y pacífica entre el Estado y el pueblo mapuche se remonta a la creación de la república chilena, en 1825, en el parlamento de Tapihue. ¡Tanto tiempo! A la espera de que se redacte la nueva constitución y se vote en la Convención constituyente, sería prudente que Boric y su gobierno siguieran el ejemplo del pasado empleando los medios necesarios para restablecer un diálogo razonable. Sobre todo porque estamos a tres años del bicentenario de Tapihue, que representaría un fuerte símbolo para la población mapuche. La crisis ya ha causado demasiados daños colaterales como para seguir ignorándola. ¡Que el Estado actúe para restablecer un diálogo viable! ¡Que el país forje una nueva fuerza unida! ¡El futuro de Chile no puede ser sin los mapuches!

Eulalie Collard

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