59 Rivoli: el arte para todos

En pleno centro de París, el aftersquat acoge a treinta artistas plásticos de diferentes nacionalidades. Sus 1500 m2 ofrecen al público una experiencia inmersiva en el mundo de la creación artística. La pintora Aranxa Ortega nos lleva a descubrir un arte alternativo, que difiere del que se suele encontrar en los museos y las galerías tradicionales.

La escalera central del 59 Rivoli, que da acceso a los talleres de los artistas |
© Urbanmishmash.com

Desde la okupación ilegal del edificio abandonado en 1999, Gaspard Delanoë, artista y cofundador del 59 Rivoli, tuvo el objetivo de instituir un lugar en el que se pudiera crear y acceder libremente al arte. Amenazado de ser expulsado de un día para otro, decidió con sus colegas presentarse en el ayuntamiento para pedir la oficialización de su actividad. Fue así como al año siguiente el lugar pasó de ser un squat a un aftersquat reconocido, aunque siempre mantendrá su espíritu de rebelión a las instituciones. Desde ese momento no dejaron de organizarse en sus espacios las manifestaciones culturales más diversas: desde exposiciones hasta conciertos y espectáculos. La constante es una sola: la entrada es gratuita. En efecto, el colectivo de artistas residentes en el 59 tiene como objetivo facilitar el acceso al arte por parte de un público cada vez más amplio.

Gaspard Delanoë (a la derecha) con Suisse Marocain, otro artista del centro | © LP/E.L.M.

Se reivindica una verdadera democratización de la creación artística, que se puede interpretar como tal, tanto por el lado de los artistas como por el del público: esta política de funcionamiento parece favorecer a ambos. Para los artistas residentes, el 59 Rivoli constituye una oportunidad incomparable de visibilidad, dada la notoriedad del centro y su increíble afluencia. El espacio que se le ofrece a cada uno de ellos aporta una respuesta concreta a la precariedad en la que suelen vivir los artistas parisinos. A cambio de participar en el pago de los gastos, pueden beneficiarse durante un periodo más o menos largo de un espacio expositivo y de un taller de trabajo. Finalmente, la dimensión de colectivo pretende sacar a los artistas de una condición de aislamiento en la que a menudo se encuentran relegados. “El contacto con los otros residentes es una verdadera fuente de estímulos para mi proceso creativo”, explica Aranxa Ortega durante nuestra entrevista. Entre los seis pisos del edificio se comparten momentos de vida común y se intercambian ideas, técnicas, inspiraciones…

La experiencia de Aranxa Ortega

Aranxa en su taller en el 59 Rivoli | © Instagram

De los 30 artistas que exponen actualmente en el 59 Rivoli, se cuenta con un alto porcentaje de extranjeros, que andan buscando en París la oportunidad de crecer artísticamente. Es el caso de Aranxa Ortega, una joven mexicana que se marchó a París en 2016, tras haber acabado su carrera de artes plásticas en Houston. Su llegada a la capital francesa —nos cuenta— no fue una decisión sino una coincidencia de eventos que la llevaron a cruzar el Océano con unas maletas cargadas de sueños. Desgraciadamente, “este momento marcó para mí una ruptura en mi flujo artístico y una caída en picada de mi trayectoria profesional”. Implantada en la Ville Lumière sin una red de contactos ni de clientes, y sin ni siquiera conocer el idioma, se vio obligada a tomarse un tiempo haciendo otros trabajos, hasta que se le presentara la oportunidad de ingresar en el 59 Rivoli.

Cinco años más tarde, tras recuperar por fin el precario equilibrio que le permitía vivir de su arte, confiesa que intenta “aprovechar de cada momento pasado en el aftersquat y del contacto con los otros artistas”. De todas formas, la presencia en el centro constituye una de las obligaciones que los residentes aceptan en contraparte con el colectivo que los acoge. Para facilitar el encuentro con el público, los artistas deben estar presentes en sus talleres por lo menos cuatro días por semana. Tienen además que participar en la conservación de los lugares comunes y en el servicio de acogida de los visitantes en la entrada del 59, una hora y media por semana. En todos los talleres se respira un fuerte compromiso y un gran orgullo de formar parte de una realidad tan dinámica e implicada.

Algunas de las pinturas de Aranxa Ortega | © Portfolio en línea

Un arte democrático e informal

La unión de arte y vida cotidiana en un mismo espacio colabora en la desacralización del proceso creativo. Esta característica imprescindible hace de este espacio un lugar híbrido y difícil de situar entre una galería, una residencia de artistas y una okupación. A este propósito, Gaspard Delanoë es muy claro: “No somos un museo, donde el arte es sagrado. No somos una galería comercial. Somos un lugar donde el arte está vivo, donde hay una relación real entre el visitante y el artista”. Efectivamente, el turista curioso se encuentra rodeado de arte, en las paredes, en las escaleras y hasta en la fachada. Intrigante y llena de colores, se distingue de los demás edificios de una de las calles más frecuentadas de París, Rue de Rivoli. Allí donde los gigantes del comercio monopolizan los escaparates, el colectivo intenta legitimar un sistema que habla acerca de la cultura de manera informal y generalizada.

En el interior, se expone un gran abanico de formas de arte, lo que convierte el aftersquat en un centro expositivo multidisciplinar. De las acuarelas a la cerámica, de los mosaicos a las instalaciones neones psicodélicas, el público puede adentrarse en el 59 Rivoli y descubrir el mundo de sus residentes. Sin entrada de pago, se derrota el elitismo que se respira a menudo en este ámbito, en los museos y galerías, donde las claves de lectura y de interpretación del arte pueden quedarse obscuras para muchos. Al mismo tiempo, se desarrolla una alternativa paralela a los lugares de difusión de arte institucionales, en el que cualquiera que sea curioso pueda encontrar la tipología de obras que más le guste.

Aquí puedo recordarme a mi misma y a la gente que no soy una máquina, tengo mis tiempos

Aranxa Ortega
Vlog de la residente Jeremie Baldocchi, que hace un recorrido de todos los talleres y artistas presentes actualmente en el 59 (09.2021) | © Jeremie Baldocchi / YouYube.com

Esta cultura no convencional de relación y encuentro les permite a los artistas existir ante su público. Los visitantes asisten al proceso de creación artística y ven de dónde vienen las obras. El acceso al arte es mediado por el encuentro del autor en medio de sus trabajos. Las personas fascinadas por el arte pueden hacer preguntas y se incentiva todo tipo de interacción. Aunque Aranxa Ortega admite que trabajar con bullicio del pasaje de turistas resulta a veces cansado, parece que acostumbrarse a estas condiciones es bastante inmediato. “Forma parte de las reglas del juego del 59 Rivoli, es lo que le confiere a este lugar un atractivo y un carácter único en París”, afirma la artista plástica.

En efecto, con más de 40.000 visitantes por año, el 59 Rivoli es el tercer centro de difusión de arte contemporáneo por afluencia. No es en absoluto el único ejemplo de territorio de arte alternativo, muchos otros se desarrollan con sus puntos en común y sus peculiaridades, como lo expone Mélodie Polge en el trabajo de investigación “Le processus de socialisation des nouveaux territoires de l’art : l’exemple des squats artistiques régularisés”. Sin embargo, su ubicación en el corazón de la ciudad y su trasfondo histórico le confieren al 59 Rivoli una primacía que bate todos los récords y merece ser estudiada.  

Giulia PANDOLFI

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