La Llorona: de la leyenda a la justicia indígena

La tercera entrega de la « Trilogía del desprecio » o « Trilogía de los tres insultos » del director Jayro Bustamante hace parte del ciclo de denuncias contra los actos de discriminación en Guatemala. Es así como a partir de la cosmogonía ancestral se pretende reivindicar desde la pantalla grande el genocidio ocurrido en este país centroamericano a principios de los años ochenta.

©medias.unifrance.org

Entre nominaciones y sollozos

La Llorona se estrenó en 2019 en el Festival de Cine de Venecia. Fue preseleccionada para los premios Oscar y también nominada en diferentes categorías correspondientes a los Globo de Oro, los Goya y los Ariel. Así que esta no es una Llorona cualquiera. Por tercera vez este personaje hispanoamericano imprime su nombre en una producción cinematográfica latina (las otras Lloronas hicieron su aparición en 1933 y 1960) pero en este caso no solo se recrea la figura mítica, sino que además se reescribe su historia y se entreteje su aparición con un conflicto recurrente en América Latina: el exterminio de los pueblos originarios en el marco del conflicto armado.

Una venganza espectral

Alma (María Mercedes Coroy) y Enrique Monteverde (Julio Diaz) tienen una deuda pendiente. Ella es joven, indígena y viene de las profundidades de la montaña, pena desde que perdió a sus hijos en la guerra. Él es un general de la República guatemalteca que ha sido declarado culpable por cometer crímenes de lesa humanidad, pero ha escapado de la justicia mediante una jugada política. Si bien Monteverde logra huir de la sentencia de los jueces, tendrá que enfrentarse a un ajuste de cuentas proveniente del más allá. La Llorona llegará para llenar sus noches de llanto y para literalmente quitarle el aire. Entre tanto, otros miembros de la familia del general como su esposa Carmen (Margarita Kenéfic), su hija Natalia (Sabrina De La Hoz), su nieta (Sara Ayla-Elea Hurtado) y su empleada Valeriana (María Telón) tendrán que enfrentarse a extrañas situaciones que comienzan a ocurrir en la casa.

“Un mal necesario”

Resulta paradójico que la “prestigiosa” familia Monteverde, enmarcada en una filiación política de derecha, conocedora y cómplice de la masacre de los pueblos originarios requiera de la labor de los indígenas y conviva con ellos. De hecho, a raíz de la renuncia de varios empleados, Alma logrará llegar a esta morada. Los aborígenes cumplen entonces una doble función. Por una parte, son el blanco de las ejecuciones ordenadas por el general Monteverde quien toma como pretexto el exterminio guerrillero para lograr el “bien” en su país. Por otra, ratifican la dominación blanca en tanto que conforman la totalidad de la servidumbre. La pequeña sociedad al interior de la mansión refleja a menor escala las diferentes posiciones de poder existentes al interior de la selva (ejército – indígenas).

Los límites de la ficción

Si bien es cierto que Jayro Bustamante ha optado por una reinterpretación del personaje mítico femenino que originalmente llora porque ha asesinado a sus hijos, es importante señalar que los crímenes cometidos en Guatemala hacen parte de la realidad de esta nación y no son solo un elemento diegético. Enrique Monteverde representa al militar y exdictador guatemalteco Efraín Ríos Montt quien, al igual que sucede en la película, fue sujeto de una condena que pocos días después de emitida fue anulada. En la vida real esto sucedió en 2013. Ríos Montt falleció en 2018, quedando así inconcluso su juicio por genocidio contra la población Maya-ixil. ¿Acaso la impunidad confirmada con la muerte del militar serviría de inspiración para que poco tiempo después se estrenara La Llorona?

El mito, una forma de abordar el terror

La secuencia de eventos sobrenaturales y la música fantasmagórica de La Llorona provocan tensión y angustia. Curiosamente en esta cinta de suspenso que retoma elementos del cine de terror, la “fuerza maligna” termina encarnando simultáneamente a “la heroína”. De esta manera, el alma en pena asusta, pero el público se pone de su lado porque quiere que las víctimas sean vengadas. La propuesta de Bustamante, ganador del Premio a Mejor director de la Giornata degli Autori, resulta particularmente innovadora puesto que involucra el folklore latinoamericano para construir una reparación simbólica y generar una conciencia social. El espectador de La Llorona no puede permanecer inmóvil o neutral después de los 97 minutos de duración de la cinta, pues a partir de este umbral pasa a ser parte de los testigos claves dentro de este ejercicio de memoria colectiva.

Carolina CG

Imagen de portada: lemagducine.fr

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