“NOS GUSTABA LA FIESTA, NOS GUSTABA TENER ESA COMPLICIDAD. POCO A POCO FUE FORMALIZÁNDOSE, ESOS FUERON NUESTROS INICIOS.” ENTREVISTA A CECILIA BOETA, UNA GRAN REPRESENTANTE DEL HUAPANGO

Ceci Boeta es una joven huapanguera que creció con el huapango. Transmite su arte en eventos culturales, privados y en las redes sociales. La pandemia del COVID-19 frenó sus planes, pero llegaron nuevas ideas. En esta entrevista, nos abre las puertas de su universo artístico.

Ceci con su jarana © Cecilia Boeta

Cuando suena el huapango se puede escuchar un son lleno de historia y cultura, se puede apreciar un género con diversas raíces: indígenas, africanas y españolas (flamenco). En un universo donde los instrumentos son tocados tradicionalmente por los hombres y en el cual las mujeres lo zapatean, Cecilia Boeta, una joven huapanguera y jaranera de Altamira, Tamaulipas, forma parte de la generación de jóvenes, que se fue incorporando a este universo. Hoy en día se puede apreciar el talento de chicas y chicos músicos y cantantes que crecieron con esta música tradicional. Cecilia, como muchos jóvenes huapangueros, lleva el arte del son huasteco, y crea a su turno el mismo ambiente familiar y festivo como lo hacían los huapangueros de antaño. Cecilia, su hermano y su primo fueron descubriendo los secretos de este género musical para llegar a ser el trío Jilgueros de Altamira. Tras años de experiencia en el huapango, llega un obstáculo mayor, la pandemia del Covid-19, a la cual Cecilia supo adaptarse, y la cual le permitió renovar su manera de transmitir su talento y dejar que su carrera florezca de forma inesperada. Es con esa misma alegría y pasión por el huapango que Cecilia nos cuenta en esta entrevista sobre sus inicios en el huapango, su trayectoria y el impacto positivo de la pandemia sobre su carrera.

Cuéntanos, ¿cómo es el universo del huapango?

Cecilia Boeta: Cuando entré, el mundo tradicional huasteco era todo un ambiente con bailadores, con músicos huastecos de antaño como los Caporales del Panuco; ellos fueron nuestros maestros. También venían artistas de estilo hippie a tocar y cantar con nosotros. A pesar de que hay mucho alcohol y tabaco, es un ambiente de fiesta muy cálido y sano. En varios eventos tuve la fortuna de conocer a gente que al verme con la jarana me daba consejos de como tocarla. Fue un crecimiento muy de la mano. Históricamente, las mujeres eran muy pocas, por lo general solo bailaban. Formé parte de una generación en la que los jóvenes, tanto chicos como chicas, tocaban y cantaban.

¿Cuánto tiempo llevas dentro del universo del huapango?

C.B: Crecí escuchando sones huastecos con mi abuelo Ángel Boeta; para su cumpleaños, mi familia contrataba tríos huastecos. En ese entonces no estaba consciente del aspecto tradicional del género. Fui teniendo ese aprecio cuando comencé a tocar violín en la Casa de la Cultura, lo que me llevó al encuentro de pueblos de la zona norte de Veracruz. Así fue como empecé a empaparme de esta cultura. Mi hermano, mi primo y yo siempre estábamos en los eventos, atraídos por ese aspecto familiar con el que crecimos. Nos gustaban las fiestas, nos gustaba estar juntos y tener esa complicidad. Esos fueron nuestros inicios. Un día, el maestro Jorge Morenos dio un taller de jarana y me cautivaron los floreos y requinteos. Decidí dejar el violín. Hoy, la jarana es mi fiel compañera en todos los eventos a los que vamos. Fue ahí cuando mi primo, que toca la quinta huapanguera, mi hermano que toca el violín y yo, decidimos formar nuestro trío Jilgueros de Altamira. Nuestra agrupación tiene 12 años. Llegamos a tener presentaciones en Colombia, Medina del Campo, España y Estados Unidos, son las experiencias más trascendentales que he tenido en mi carrera.

Hace un año lanzaron su primer disco, ¿cómo fue el proceso de selección y grabación de las canciones?

C.B: Primero nos pusimos de acuerdo sobre el material y el propósito del disco. Queríamos hacer algo especial para Tamaulipas por ser la región en la que crecimos y aprendimos a tocar huapango. El álbum es un recorrido musical de norte a sur del estado; incorporamos polkas, corridos y huapangos. Los tres estábamos pasando por muchos cambios en nuestras vidas, el proceso fue muy rápido: ensayamos durante dos semanas y grabamos en dos días. De no haber sido así el proyecto no se hubiera llevado a cabo.

Estás muy presente en las redes sociales sobre todo YouTube, Facebook e Instagram, ¿piensas que estas permiten que el huapango tenga un alcance más amplio a nivel nacional e internacional?

C.B: A pesar de que estoy acostumbrada a que QuerrequeFilms me grabe en eventos y que ya existía material en su canal, yo no quería en absoluto crear un canal personal de YouTube. Mi esposo me incentivó, abrió mi canal, me grabó y subió mi primer video. Al principio no me animaba a hacerlo, pero tras pensarlo bien, me abrí a este proyecto. Así fuimos subiendo un video cada cuatro meses, luego cada tres meses. Gracias a esto me contactaron para dar un taller de música huasteca en González (Tamaulipas). Me contactó un maestro de huapango de la Academia Aztlán de California, le interesó el trabajo que hacía con los niños de González y quería que le dé un acercamiento de música huasteca a su grupo de niños. Todo lo acontecido fue una lección, entendí que el aporte no es tan solo personal, incluye a muchas personas. Impartir el son huasteco es una responsabilidad para mí y para Jilgueros, porque es un valor enorme poderles dar ese acercamiento a niños con raíces mexicanas y a mexicanos expatriados.

Entendí que el aporte no es tan solo personal, incluye a muchas personas.

Durante la cuarentena, cambiaste la manera en la que publicas tus videos en YouTube, subiendo videos en vivo llamados Huapangueando en cuarentena. ¿Cómo se organizan para las transmisiones en vivo, Querreque les dio consejos?

C.B: Antes de la pandemia tenía muchos planes para hacer videos en la huasteca, el encierro me estaba frustrando, mi esposo tuvo la idea de transmitir en vivo en línea. Me animé y subí mi primer video en marzo. Descubrí que hay una exigencia profesional muy distinta. Cuando tocamos en eventos, si se me olvida la letra de una canción, puedo recordarla mientras mis compañeros tocan sus instrumentos. Es algo que no puedo hacer en mis videos en vivo, repasaba la letra antes de transmitir. Empezamos con mi celular, luego con mi computadora, más adelante QuerrequeFilms, con quien ya tenemos una amistad muy establecida, nos brindó su apoyo, asesorándonos con la conexión y sincronización de los aparatos con la transmisión en vivo. De cierta forma, la pandemia me ha permitido crecer mucho, me ha permitido expandir mis ideas. Este formato le gustó tanto a mis seguidores como a mí, y planteo seguir con los videos en vivo.

Descubrí que hay una exigencia profesional muy distinta.

En el detrás de cámaras del Querreque, mencionas que debido a la temporada de cuarentena no se puede grabar en parques públicos y turísticos y que necesitan una autorización especial, ¿es fácil que sea otorgada?

C.B: Hay mucha sensibilidad y accesibilidad a todo lo cultural, por lo tanto, el proceso es fácil. Simplemente hay que hacerlo con tiempo, hay que justificar su proyecto con el Departamento de la Cultura de Tampico y ellos mandan un oficio a las plazas o a los centros en los cuales queremos filmar y nos dan su respuesta. Melissa tuvo la iniciativa de hacer el video conmigo y con Karina. Primero grabamos la música, las grabaciones para el videoclip duraron un día, el proceso de producción duró dos días y lanzamos el video simultáneamente en nuestros canales respectivos. Mi esposo y el productor de Melissa se encargaron de toda la logística mientras nosotras interpretamos.

Ceci, Melissa y Karina interpretando El Querreque frente al Cerro del Bernal.

Últimamente, Jilgueros de Altamira, la maestra Blanca Pulido y el maestro de baile Gil Martínez han sido invitados para interpretar la Malagueña ¿Se vuelven a abrir poco a poco estos eventos culturales?

C.B: Por la pandemia los centros culturales cerraron sus puertas, todos los eventos estuvieron en pausa. De julio a septiembre todo empezó a moverse de forma digital, con transmisiones en vivo, a espacio cerrado o abierto, sin público y respectando las normas sanitarias: lavarse las manos, usar gel desinfectante y llevar el cubrebocas todo el tiempo, incluso al cantar. Nosotros como artistas huapangueros nos acoplamos a las medidas sanitarias. Esta pandemia ha demostrado que hay muchas formas de difundir la música y el arte, lo que nos ha permitido crecer bastante.

Cecilia Boeta junto a Blanca Pulido interpretando la Malagueña.

CultureXchange le agradece a Cecilia por darnos de su tiempo y por esta maravillosa entrevista!

Términos:

El huapango o son huasteco es un género musical tradicional de la región huasteca de México: Sur del estado de Tamaulipas, norte de Veracruz, oriente de San Luis Potosí, norte del estado de Hidalgo, norte de Querétaro, norte de Puebla.

El un trío de huapangueros toca los sones, acompañados por la guitarra huapanguera, la jarana huasteca y el violín.

La jarana huasteca es un cordófono con forma de guitarra, con cinco o más cuerdas. Su tamaño es similar a la de un ukulele.

Por: Celic Citlalic Perez Lopez

Véase también:

Canal de Cecilia Boeta:

https://www.youtube.com/channel/UCBaxiJ7MagX2BZVQnmXcIBw

Canal de Jilgueros de Altamira:

https://www.youtube.com/channel/UCWH31rrUY6TkOfrfaFP-lTg

Canal de QuerrequeFilms:

https://www.youtube.com/channel/UC7Q5FiQiB5BUCqz1KJONqtA

Canal de Melissa Violinista:

https://www.youtube.com/channel/UCrscKKpk-vG3SsVOcekiOgg

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