Violeta Cruz: “Me parece que el sonido abstracto es una fuente más rica de inspiración y de trabajo”

La compositora colombiana de 32 años nos habló de su experiencia con la música contemporánea. Entre sonido y visual, performance y ópera, la obra de la artista revela la importancia de la teatralidad del sonido.

¿Cuáles fueron tus primeros contactos con la música? ¿Qué instrumentos, estilos tocaste?

En la casa de mi abuela materna había une piano. Para mí fue el descubrimiento cuando era niña. Luego mi mamá nos puso a clases de música a mi hermano y a mí. Nos gustaba mucho, era algo importante en nuestras vidas. Desde que comencé a estudiar música a los 5 años, casi no interrumpí. Primero era solfeo y cantar en coro, eso era el comienzo. Después empecé a estudiar al tiempo piano y violín. El violín… no muy original. *Se ríe*. Lo abandoné muy pronto y solo me quedé con el piano pero no me iba muy bien. Entonces mi mamá me decía que si yo no quería, no tenía sentido. Luego estudié clarinete, más adelante como a los 13 años. Era en una época en la que estaba descubriendo el jazz. El clarinete era un instrumento más cercano a la música popular y tradicional de Colombia. En este sentido me atrajo y era una apertura hacia otra forma de tocar.

¿Cuándo y cómo te interesaste a la música contemporánea? ¿Hubo un evento especial en tu vida para que te interesara?

Después del colegio, tenía varios profesores muy jóvenes, tenían como alrededor de treinta años. Ellos defendían mucho la música contemporánea. Entonces nos hicieron descubrir a toda una generación la música contemporánea. Y teníamos asambleas de improvisaciones, clases de apreciación musical en la que nos pudieron hacer una presentación sobre un compositor vivo. Fue un descubrimiento global, al mismo tiempo haciendo y haciendo de manera intuitiva, en improvisación generativa (sin un marco específico sino más libre). También hubo un intercambio con Francia. Creo que eso fue muy importante para que me viniera acá. Varios compositores fueron invitados a presentar su música en Colombia. Entonces a los 18 años estuve en una clase magistral de Phillipe Manoury, que es un compositor francés muy importante. Nos mostraba varias cosas que luego se convirtieron en algo más normal para mí como el tratamiento de la música electrónica. Fue como una introducción a su lenguaje musical y a sus técnicas. Fue un momento en Colombia en el que hubo esa apertura hacia esa estética.

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Attente Fluide, más que una fuente de agua, una fuente de sonido. Foto de la página web de Violeta Cruz

¿Sentís una conexión específica con este tipo de música? ¿Algo que te atrae más que la música más popular?

Pues son relaciones distintas. Para mí el ejercicio de creación artística siempre ha sido puesto en términos de música escrita, instrumental o vocal. Pero no de música tradicional oral. Digamos que a mí me cuesta mucho trabajo escribir una canción porque siento que no tengo ningún interés en hablar de mis sentimientos o de mí. *Se ríe*. Pero al mismo tiempo escucho mucha música popular, todo el tiempo. Son partes distintas en mi vida. La parte de estimulación, más abstracta, de expresión es la música contemporánea y la otra parte más compartida con los no músicos tiene más que ver con la escucha casi social de la música. Tiene ese sentido. Me parece muy importante saber qué se escucha, sin juzgar. Es una especie de presente, es la cultura popular. Y yo creo que dio influencia en mi música aunque no sea directo. Siento que la alimenta de una manera indirecta. Me puede influenciar en una apreciación muy abstracta. Dentro de la música popular me gusta mucho la música chilena y la música tradicional de los andes. Me gusta la relación entre los instrumentos. Es una música muy de la tierra. Apoyada en percusiones muy profundas, opacas. Es como una cosa de profundidad, de peso. Cuando fui consciente de que me gustaba específicamente esta música, también me di cuenta de que era importante para mí los sonidos graves y la densidad que me parece cercana pero en un universo muy abstracto. Digamos que no es por eso que yo voy a usar los instrumentos tradicionales pero siento que tiene que ver.

¿Cómo definirías tu música? ¿Contemporánea y qué más?

*Se ríe* Decir contemporánea es muy ambiguo. Contemporáneo es como una categoría despectiva, que se pone contra lo popular. En este sentido no la calificaría de contemporánea. Hay otra palabra en inglés que funciona mejor que es: art music. *piensa* Digamos que es una música que trabaja más sobre el sonido que sobre las notas. Son palabras claves que ayudan a definir conceptos importantes en mi música. Hay partes de la escritura ruidista que me interesan, también hay elementos como de teatralidad… No hablo necesariamente de algo escénico sino del sonido mismo. Es más darle un carácter teatral claro a elemento sonoro. También utilizo muchas metáforas de cosas materiales para tratar el sonido y no solamente materiales abstractos sino concretos. En este sentido mi música está cercana a la música concreta. Que es tomar sonido de fuente no instrumental e incluirlo en un discurso musical dándole un rol casi de instrumento.

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God of Game: el nuevo mito de los lemmings. Foto de la página web de Violeta Cruz.

En tus composiciones, usas muchos objetos muy diversos. Por ejemplo muñequitos en God of Game: el nuevo mito de los lemmings, agua en Fluente: Attente fluide, una caja sonora en La caída de la luz ¿Los consideras como instrumentos?

La primera cosa en la que yo pensé no fue cuestionar el instrumento sino el concierto en sí mismo. Era el hecho de introducir fuentes sonoras materiales en oposición a la grabación de fuentes sonoras, no instrumentales. Digamos que uno puede pasar un sonido de agua y otro puede hacer sonar el agua. Para mí, esa es radicalmente la diferencia: es algo escénico. Al comienzo hubo dos de esos objetos que son autónomos, no son instrumentos porque no hay un humano que los controla. Es como crear un mecanismo que hacía que la naturaleza determine el tiempo de la música. Porque es la gravedad en los dos casos. En el caso de los muñecos, es una caída interrumpida por un material. En el caso del agua, es la fluidez del agua interrumpida por un mecanismo. Se trata de crear esas interrupciones para  que una fuerza natural se convierta en un elemento musical. El tercero es la Caída de la luz que ya es un instrumento. Este tiene un vínculo con el tema del agua porque es como una especie de materia que es universal y a la vez cotidiana pero con el elemento de escritura instrumental.

Pero cuando trabajé con la fuente, con el tema del agua, es verdad que en escena no hay un cuestionamiento del instrumento pero en el estudio sí lo hay. Entonces hay dos dimensiones como lo escénico y lo musical escrito. Aunque escénicamente no impliquen una interpretación, musicalmente sí funcionan como instrumentos, porque dialogan con los otros instrumentos.

¿Cuánta importancia tiene lo visual en tus obras?

Para mí es importante seguir haciendo obras sin visual. Porque siento que lo visual condiciona la escucha y en cierta medida la imaginación y la creatividad. Entonces trato todo el tiempo de confrontarme a mí misma al sonido abstracto porque siento que siempre ha sido como el motor de mis preguntas que me han llevado hacia lo visual. Siento que desde el sonido me voy a preguntar cosas más interesantes que si vengo de lo visual. Quiero ir hacia lo visual pero no quedarme ahí. Me parece que el sonido abstracto es una fuente más rica de inspiración y de trabajo.

La Princesse Légère es una ópera, lo que es muy distinto de lo que haces generalmente. ¿Te gusta variar tu estilo?

La ópera me obligó a buscar nuevas maneras de hacer porque yo nunca había escrito para la voz y fue la primera vez de muchas cosas. Vino justo después de que yo terminara el conservatorio, entonces fue el momento para poner a prueba muchas cosas que aprendí ahí y de desarrollar nuevas por la experiencia y por las nuevas condiciones. Siento que todo este trabajo me llevó hacia nuevas búsquedas. Y la relación con el texto me dio ganas de seguir explorando porque antes no había tenido –no es que no había querido- sino que no había tenido ocasión y sabía que quería hacerlo y que era un tema importante.

La princesse Légère
La Princesse Légère, primera ópera de Violeta Cruz, co-escrita con Jos Houben.

¿Te verías hacer performance?

Justamente, el comienzo de toda esta búsqueda con el agua y los objetos fue proponer una experiencia en un concierto que fuera más allá de lo que uno se espera en un concierto. Cuando este objeto se vuelve autónomo, entra en el campo de la instalación, que es como un tiempo circular en el que la gente entra y sale. No te diriges a un público del principio al fin sino que son momentos y la escucha depende de la persona que viene. Mi rol siempre cambia con respecto a los objetos porque la fuente es completamente autónoma, yo la abro y la cierro, vigilo que funcione y ya. Los muñecos no, porque necesitan un accionamiento mínimo, es simplemente jalar un hilo y dejarlos caer. Pero ese hilo genera distintas caídas en las que yo no soy propiamente un intérprete y tiene más que ver con un performance. En el performance hay como una reflexión sobre la acción misma, en cambio en la música la acción es musical, no hay duda. Entonces cuando yo manipulo los muñecos, hay la duda sobre mi rol: si el espectáculo son los muñecos o si el espectáculo soy yo que estoy haciendo que se caigan los muñecos. Para mí, en ese sentido es una performance. Así que no me propongo ir hacia el performance pero hay algunas de mis obras en las que existe esa duda de la acción.

Ilonka Reinoso

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