Música popular : Un fenómeno cultural, dos realidades opuestas

Hasta el siglo XVIII “lo popular se oponía a “lo culto”. Hoy, el término ha adquirido una doble connotación. Por un lado se ha convertido en masivo (gracias a la industria de los medios de comunicación); por el otro, la noción sigue asociándose a la tradición y a lo folklórico. ¿Estamos en frente a un cambio de paradigma? ¿La música “folklórica” y “comercial” es popular? ¿Hasta qué punto lo popular deviene masivo…, y en qué medida tradición?

1927-ELBAILE-4(1)
Música folklórica representada en una viñeta gauchesca: El baile por ©Florencio Molina Campos

De un lado, la música popular se ha convertido en masiva -gracias a la moda, la industria massmediática, la globalización, etc…-, del otro, instituciones como UNESCO intentan salvaguardar  “la música folklórica” frente a la amenaza de una “música comercial” que avanza a pasos agigantados. La dialéctica es complicada de entender. A fin de vislumbrarla se propone echar una mirada a la prensa gráfica especializada del año 1890 a fin de entender una de las posturas anunciadas.

Tomando en cuenta la definición transmitida en el número 67 de la Revista Ilustración Musical Hispano-Americana (publicada el 30 de octubre de 1890 en Barcelona), se advierte que la noción “de lo tradicional” en el imaginario social de la época estaba asociada a la idea de música popular: “aquella que carece de autor conocido (…) tan antigua que su origen se remonta a los tiempos mitológicos (…)”.

La revista en cuestión salió a la luz en el año 1888 y fue dirigida por el compositor y musicólogo Felipe Pedrell y Sabaté. Sus entregas “con foliación correlativa anual, compuesta a tres columnas, con una cabecera ilustrada, y con la inserción de grabados y fotografías o imágenes relacionadas con este arte, así como reproducciones de obras pictóricas”, fueron el resultado de una prensa especializada que visaba un área en particular: la música.

ilustracion musical
Número 67 de la Revista Ilustración Musical Hispano-Americana  ©Hemeroteca Biblioteca Nacional Española

Su director será la persona que tenderá “los primeros puentes musicales hacia Hispanoamérica”, consolidando de esta manera “un llamamiento fraternal”  entre ambas partes “del charco”.

Inmerso en el ámbito de la musicología, la revista (que se publicó hasta el 30 de diciembre de 1895), fue la encargada de transmitir una imagen “tradicional” acorde al contexto histórico y social “Hispanoamericano”.

Como lo ha expresado Álvaro Meneses, en su estudio “La presencia de México en la Revista Ilustración Musical Hispano-Americana“, lo que predominaba en este medio era “la construcción de una identidad nacional por una generación de compositores e intelectuales que tenía por premisas la modernidad y la búsqueda de un arte verdaderamente nacional”, de ahí que la noción de “música popular” adquiriese valores que rozaban la tradición, el folklore y la identidad de un país. Ideales que en la época se diferenciaban claramente de la “música culta” o clasista.

Y no se crea que es la Europa sola la que tiene esta riqueza en cantos populares: también América está dotados de ellos”, anuncia el artículo titulado “Cuatro palabras sobre música popular”. Y lo ejemplifica citando la figura del gaucho argentino, al cual se equipara a los juglares de la Edad Media a fin de dar cuenta del carácter “popular” de tales tradiciones. El tango, la zamacueca y otros géneros musicales americanos serán mencionados también, con el objetivo de exponer la misma lógica argumentativa.

¿Un cambio de paradigma?

Podría decirse que hasta finales del siglo XVIII existieron en Europa dos corrientes musicales: la clásica (vinculada a la nobleza) y la folklórica o popular (supeditada al ámbito rural). Tal dualidad empezó a disiparse de la mano de la Revolución Industrial, en consecuencia “lo popular” ganó terreno gracias al surgimiento y al acceso de las personas a los medios de comunicación, los cuales vinieron a desplazar la manera de entender “lo popular” hacia lo “masivo”.

En este sentido, el estudio de la “cultura popular” ha oscilado a través del tiempo en un proceso dialéctico según afirma el teórico y sociólogo cultural Stuart Hall (1984).

Fundada en una naturaleza dinámica y cambiante en relación a la “cultura dominante”, la concepción de “lo popular” y de “lo folklórico” puede  explicarse gracias al intercambio de las relaciones de control que alcanzan un cierto grado de poder.  Ciertas  formas culturales sobreviven a la lógica de la historia y se articulan por consiguiente bajo el paraguas de la tradición: “elemento vital de la cultura”. (HALL, Notas sobre la deconstrucción de lo popular, 1984).

A fin de entender esta clasificación, sus orígenes, sus ambigüedades, y su actual significado, se debe comprender que la lógica de producción musical ha sido diferente a lo largo de los siglos. Por lo tanto, el método por el cual se las ha categorizado, también. De esta manera, el valor que se le daba a la “música popular” en 1890 no era el mismo que el que se le da hoy, ya que en el siglo XIX las fronteras entre “lo popular” y “lo folklórico” no estaban delimitadas como en la actualidad. Sino que eran sinónimos, y se oponían a la denominada “música culta”.

La conceptualización seguida por Luis Sandi (músico, profesor y compositor en el ámbito de la música académica), vendrá a esclarecer en el siglo XX la dialéctica “música popular” versus “música folklórica”. Esta última pasará a ser entendida como aquella que el pueblo recibe a través de la tradición: “que ha hecho suya en forma colectiva sin que pueda saberse quien fue el que la inventó, (…) [la cual] se toca o se canta con modificaciones individuales o regionales, (…) tiene el aspecto de una improvisación (…) y no está regida por las normas de la composición profesional” (SANDI, Música folklórica y música popular, 1957). En contraposición, la  “música popular”, no tendrá nada que ver con la música del pueblo. Será más bien música para el pueblo, ya que “no es tradicional, porque es la de moda, la recientemente inventada; no es un fenómeno colectivo, sino es inventada por un individuo determinado (…) sigue, en sus aspectos formal y armónico, reglas establecidas”.

musica-popular-300x225
The Beatles, un ejemplo de música popular

Sandi va aún más lejos al plantear diferencias estéticas entre ambas categorías de música. Para él la música folklórica “tiene una belleza y un encanto característico superior a lo hecho para el pueblo”.

En contraste con tal riqueza, la popular “es de una pobreza increíble”, ya que constantemente aparecen estilos (como el char1eston, el mambo, el chacha-cha, el rock and roll, etc…), y  el mundo entero “enloquece bailando y cantando el sonsonete en turno, del cual, (…) todos los ejemplares son iguales, así hayan sido hechos en China o en México”.

¿Popular sinónimo de …?

A pesar de la distinción en el ámbito profesional de la música. Hoy, en aras del siglo XXI, el lenguaje musical “folklórico” sigue confundiéndose con el “popular” al punto que muchas veces ambos términos llegan a ser utilizados como sinónimos. Y si bien en la práctica, la expresión “música popular” encarna cada vez más un tipo de música “sui géneris” (totalmente diferente al género folklórico), la “música comercial” es la que gana terreno y se impone frente a la tradición y a las costumbres heredadas del pasado.

A modo de conclusión se puede ejemplificar este fenómeno desde el punto de vista de las políticas internacionales generadas desde UNESCO. Al día de hoy, existen 429 elementos clasificados bajo la nomenclatura “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”. Entre ellos se encuentran ciertos géneros musicales que pueden catalogarse como como populares, como por ejemplo el tango argentino y uruguayo (2009); el flamenco español (2010); la música y el baile del merengue en la República Dominicana; la rumba cubana, mezcla festiva de baile y música, y todas las prácticas culturales inherentes (2016); el vallenato, música tradicional de la región del Magdalena Grande (2015), entre otros.

Todos estos géneros son considerados por UNESCO parte del folklore y de la tradición de los pueblos latinoamericanos, y si bien tienen una base “popular”, se diferencian claramente de la “música comercial”: el pop, el rock, la música electrónica, etc.

En este contexto globalizado -donde todo se interrelaciona y en donde los límites parecen no tener fin-, la pregunta que queda por responder es: ¿Hasta qué punto lo popular deviene masivo… y en qué medida tradición?

Sebastián A. Longhi Heredia

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

%d bloggers like this: