Siguiendo a Maritza

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Crítica al tratamiento que los medios peruanos dieron a la liberación de una condenada por terrorismo.

En 1980 el Perú volvió a la democracia eligiendo presidente, senadores y diputados. El día de las elecciones, la organización terrorista “Sendero Luminoso” inició un conflicto armado interno. En este conflicto, que se extendió durante dos décadas, perdieron la vida aproximadamente 69 280 personas, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación. En 1992, un grupo de élite de la policía peruana (GEIN) asestó un golpe fatal a la organización terrorista. El 12 de septiembre de ese año, fruto de un arduo trabajo de intelegencia, fue capturado el cabecilla e ideólogo de “Sendero Luminoso”, Abimael Guzmán. El llamado “Presidente Gonzalo” (“Cachetón” para sus captores) fue sorprendido y arrestado en el segundo piso de una casa cualquiera. El inmueble estaba ubicado en un barrio de clase media baja de Lima metropolitana.

La casa era alquilada por la joven profesora de ballet Maritza Garrido-Lecca y su novio, Carlos Incháustegui. Ambos vivían en el primer piso. Ambos pertenecían a “Sendero Luminoso”. Tras cumplir una condena de 25 años de prisión, Garrido-Lecca, ahora de 52 años, salió en libertad el 11 de septiembre del 2017. Su salida de la cárcel fue una oportunidad más para comprobar cómo los medios peruanos convierten una noticia en espectáculo.

Medios a la obra

Durante horas los medios de comunicación esperaron la salida de la exreclusa. “Tenemos equipos ubicados en zonas estratégicas” aseguraba la conductora del noticiero “90 Segundos.” Las cámaras siguieron a Maritza durante casi cinco horas mientras sus hermanos la trasladaban fuera de Lima. Somos el semanario del diario El Comercio le había dedicado 19 páginas el fin de semana anterior. Reportajes de entre 10 y 20 minutos de duración inundaron las pantallas. Algunos de ellos con fondos musicales que evocaban cualquier película de guerra, como para acelerar el ritmo cardíaco del televidente.

Las imágenes de la vida de Garrido-Lecca y de atentados terroristas, entrelazadas en secuencias rápidas, son prácticamente las mismas en todos los documentos. Una y otra vez vimos a la profesora brincando durante sus lecciones de ballet, los interrogatorios donde se mostraba desafiante, la noche de su captura y en prisión cuando levantaba el brazo gritando vivas a Sendero Luminoso. La vimos además con su traje a rayas y escuchamos nítidamente a un hombre espetarle “¡perra!”. ¿Por qué los editores decidieron resaltar este momento? ¿No es parte del machismo y misogínia que mata cada año a miles de mujeres en el Perú?

Fueron difundidos también extractos de entrevistas anteriores donde Maritza Garrido-Lecca asegura no estar arrepentida. Tanto ella como otros senderistas liberados o aún en prisión han manifestado no tener nada que lamentar. En uno de esos extractos, Garrido-Lecca dice: “No tengo nada de qué arrepentirme y porque el arrepentimiento es la cuestión más baja moralmente.” Esta escena es así utilizada en la actualidad para reforzar la idea de que el reinicio del terrorismo es inminente.

“La terruca pituca”

Así la calificó el programa nocturno “Beto a saber”. La gran “incógnita” que difunden los medios es cómo esta “chica blanca de apellido” (como dice en un reportaje un guionista de novelas) acaba en este “cuento de terror en el cual (ella) es el personaje malvado fácil de identificar y de señalar.” La declaración de uno de los responsables de su captura traduce el transfondo social y “racial” de la noticia : “había una sospechosa que era muy buena moza y no tenía aires de provinciana, al contrario, un aire de miraflorina pituca.” Precisamente en Miraflores (barrio acomodado de Lima) los periodistas se apresuraron a preguntar a los vecinos qué sentían sobre la posibilidad de tener como nueva vecina a la exrea.

Se ha cumplido un cuarto de siglo desde el golpe final contra Sendero Luminoso. Muchas condenas llegan a su fin y los medios repiten las imágenes de las masacres y atentados perpretados por el terrorismo. Sobre todo de aquellos ocurridos en Lima, en Miraflores. Los medios insisten en que las nuevas generaciones conozcan lo que pasó. No es raro ver encuestas en la calle en las que los jóvenes no pueden identificar ni al mismísimo Abimael Guzmán. “¿Estamos ante el inicio o al final de una nueva guerra contra el terror?”, pregunta la reportera Lorena Ormeño del programa de televisiôn Día D.

Para uno de los presentadores del dominical “Cuarto Poder”, “[Maritza Garrido-Lecca] es una senderista feroz, una terrorista sanguinaria y no olvidemos quién ha sido Maritza Garrido-Lecca, por favor, porque eso tenemos que, nosotros como sociedad, tener pendiente y saber quién es quién en esta historia de terror que desangró nuestro pais.” La conductora de “90 Segundos” argumentó la pertinencia periodística de tratar esta noticia: “Y nosotros tenemos no solo la obligación sino la enorme responsabilidad y el compromiso ético y moral de contarles a ustedes quién fue esta mujer (…).” Notemos cómo en sus alocuciones algunos de los presentadores de televisión hablan sin hacer pausas, de manera tajante y parecen al borde de perder el control. En cualquiera de los reportajes no falta la escena amenazadora, acaso con intención profética en la que Abimael Guzmán tocándose la cabeza con el dedo índice dice: “Y si uno muere, esto queda en los demás.”

En general, los reportajes pasan del relato de la historia de la “niña bien” que se transforma en “monstruo” a la advertencia de la inminencia de un nuevo baño de sangre. Los presentadores subrayan la responsabilidad de los medios de recordar y hacer conocer a la juventud lo que ocurrió en la época del terror. Sin embargo, se concedió poco tiempo al análisis de los factores que llevaron al surgimiento y derrota de los grupos terroristas, No se profundizó sobre la respuesta del Estado que produjo violaciones de los derechos humanos. Tampoco se examinó el nuevo contexo del país que encontrarán los condenados por terrorismo al salir de prisión. Y menos aún el tema del silencio de los medios sobre todas estas cuestiones durante los últimos años.

 

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