EL OLOR DEL CAMBIO

Filmada con maestría, escrita con elocuencia y detallismo, La isla mínima de Alberto Rodríguez, verdadera crónica histórica, fascina tanto por su trama compleja como por su ambiente estilizado.

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Cartel español de la película. 2014.

Todo empieza en los aires, como si fuera necesario tomar distancia con los acontecimientos para resolverlos. O simplemente para entenderlos. En la Andalucía post-franquista, las apariencias son engañosas y se sigue viviendo en el temor.

Principios de los años 80, transición democrática. Estamos en la provincia de Sevilla, en el corazón del pasado, y las marismas del delta del Guadalquivir parecen serpentear sin fin como la trama de esta investigación policial trepidante.

Intriga sinuosa y vicios secretos

Una pareja de policías madrileños interpretados por Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez llega a un pueblo andaluz para investigar la desaparición de dos adolescentes.

Ahí, en el delta del Guadalquivir, donde se trafican todo tipo de mercancías, donde los grandes terratenientes viven como reyes, donde la juventud solo sueña con marcharse lo más lejos posible, donde la ley del silencio es de rigor y donde el franquismo, agonizante, sigue respirando un poco.

Durante 104 minutos, Alberto Rodríguez nos obliga a deshacer los nudos entre desapariciones pasadas y recientes, entre una España anclada en el pasado y otra progresista. Pero también entre ley y crimen, Bien y Mal, porque la frontera puede ser muy tenue.

Crónica de una ruptura lenta

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Héctor Garrido – Fractales. Anatomía íntima de la marisma

El general Franco murió hace cinco años, pero España, sobre todo en algunas de sus zonas remotas, sigue viviendo en el miedo y el secreto. Símbolo de esas dos Españas hermanas y sin embargo opuestas, el dúo de policías: uno con un pasado oscuro y otro con sueños de libertad y de democracia. La segunda va ganando terreno poco a poco y solo es una cuestión de tiempo para que se imponga, pero la primera no quiere abdicar.

Crónica de un periodo de cambio, La isla mínima convence por su atención a los detalles y su reflexión sobre el pasado. El final sutil que nos reserva ilustra perfectamente estos aspectos y nos recuerda que nada es blanco o negro. Rodríguez impresiona, relatando con un detallismo virtuoso los hábitos que resultan de un ámbito hostil y de una época oscura y ambigua. La cual desapareció con sus infinitos secretos.




Después del muy notable Grupo 7 (vean aquí el tráiler), el director andaluz realiza su obra maestra: un largometraje que ganó diez premios en la última ceremonia de Los Goya, escrito en colaboración con Rafael Cobos.

Los planos aéreos en picado de una Andalucía salvaje poco mostrada en las salas oscuras crean un ambiente misterioso y agobiante. Para lograr este efecto, Rodríguez recurrió a los servicios de Héctor Garrido, autor del libro Fractales. Anatomía íntima de la marisma, y de Álex Catalán para la fotografía.

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